Story Lesson: Yuma soldier at White House
One way to improve your Spanish knowledge is to read newspaper and magazine articles and books printed in the language. What follows is a news story that recently appeared in Bajo El Sol about decorated Yuma soldier Gabriel Garcia’s visit to the White House. See if you can understand it.
Here is a list of vocabulary words and verb conjugations that appear in the story and their translations:
An English version of the same story can be found by clicking here.
Bombardeo suicida — suicide bombing
Entrevista telefónica — telephone interview
Guerreros heridos — wounded warriors
El brazo — arm (el brazo derecho — right arm; el brazo izquierdo — left arm)
La barbacoa — barbecue
Sorprender — to surprise (Me sorprendí — I was surprised)
Charlar — to chat
CHRIS McDANIEL
YUMA SUN
Hace un año y medio después de que un bombardeo suicida casi acabó con su vida, el sargento de estado mayor del ejército estadounidense Gabriel García viajó a la Casa Blanca recientemente para conocer al presidente Barack Obama.
Además de ser saludado por el Presidente, el originario de Yuma y graduado en el 2001 de la Escuela Preparatoria Kofa, le fue ofrecido un almuerzo de barbacoa durante la celebración del Día de Independencia de Estados Unidos.
“Fuí seleccionado de mi compañía de guerreros heridos en (el Centro Médico) Walter Reed (en el estado de Maryland) para acudir a la Casa Blanca para esta comida”, explicó García durante una entrevista telefónica. “Más o menos me sorprendí, porque no esperaba eso”.
Durante una ceremonia formal, Obama personalmente reconoció a García por su servicio militar al país y su sacrificio: “Saludamos al ejército estadounidense, incluso un soldado que sirvió en más de 150 misiones de combate en Afghanistan, y después de perder las mayoria de su brazo en un ataque (en el que se utilizó un aparato explosivo improvisado, IED por sus siglas en inglés), recientemente terminó una carrera agotadora de 26 millas, inspirando a todos que lo conocen, y todos nosotros —él es el sargento de estado mayor Gabriel García”.
El brazo derecho de García le fue amputado después de que sufrió de la explosión mientras servía en Afghanistan. Hoy en día, vive en Maryland mientras se somete a la terapia física en el Centro Médico Walter Reed.
Sus padres, Arturo y Barbara García, residen en Yuma.
“El domingo (4 de julio), acudimos a la Casa Blanca a las 4:00 de la tarde, y fue más o menos como una barbacoa en el césped”, recordó García.
“Habían organizado un concierto con la banda The Killers (Los Asesinos) ... (y) Cedric the Entertainer (un comediante). Tuve la oportunidad de conocer a todos de ellos”.
Más tarde, a García le ofrecieron un recorrido por la Casa Blanca y visitó la Sala Verde para charlar con el Presidente.
“Me estaba haciendo muchas preguntas — queriendo saber si todo estaba bien y si la comida era buena, y me dio una de sus monedas presidenciales. No hay muchas personas que las reciben”.
“Es bastante sorprendente cuando entras a la sala y el presidente y la primera dama están allí. Me acercaron y me hablaron, y Michelle (Obama) me dio un abrazo”.
La esposa de García, Christina, y su hijo Cain, también fueron invitados a la barbacoa y saludados por los Obama.
La historia de la visita de García a la Casa Blanca empezó mientras estaba en su tercer turno de servicio con el ejército. Había servido en Iraq en dos ocasiones antes de ser trasladado a Afghanistan.
“El 9 de enero del 2009, mi peletón y yo, unos 30 de nosotros, estábamos patrullando a pie por la área de un mercado en la frontera de la Provincia de Helmand.
“Es una área realmente mala donde estábamos. El área del mercado estaba probablemente solo a unas cien yardas de nuestra base real, y nada más llegamos para demostrar nuestra presencia”.
García ya había estado en el país por seis meses y había visto mucha acción.
“Estábamos patrullando a pie”, recordó, y un bombardero suicida nos atacó. El arregló una tienda entera que tenía con explosivos, y conducía una motocicleta arreglada con explosivos, y llevaba también un chaleco suicida. Mientras yo caminaba, estaba a mi derecha. Y a solo unos 15 pies de donde estaba yo, explotó.
Afortunadamente, García llevaba equipo de protección.
“Detuvo mucho de los fragmentos de metal que hubieran penetrado mi cuerpo entero. (De todos modos), hubo un pedazo que penetró las nuevas placas laterales de armardura que nos habían dado. Me cayeron muchas esquirlas que perforaron un lado de mi cuerpo y que arrancaron mi brazo (derecho). Fue detenido lo suficiente para alojarse en solo uno de mis pulmones.
“Las placas aumentaron mucho el peso de nuestros chalecos, y hubo soldados a quienes no les gustaba usarlos, pero sabía que probablemente un día nos iban a servir de algo”.





